¡Que de algo sirva este doctorado! Quisiera ponerles sobre la mesa un debate interminable pero que me parece interesante analizar. Desde hace algunos años vivimos prácticamente con el teléfono en mano, si lo olvidamos regresamos de inmediato por él, lo consideramos nuestra “puerta con el mundo” y nos sentimos “desconectados” sin él. ¿te suena familiar?.. Bien!
A través de las redes sociales circulan continuamente invitaciones a regresar al mundo offline y disfrutar de aquello que hay a nuestro alrededor, platicar en una mesa con las personas al lado, compartir con nuestros amigos y entonces …. desde nuestro celular le damos like e incluso Compartir con mis amigos. ¡Que contrariedad! no?
El problema,-en mi humilde opinión- es el querer satanizar a los dispositivos tecnológicos como los culpables de la forma en la que interactuamos con ellos o bien de la incorrecta suposición de que cada uno está siempre conectado y disponible para el otro. ¡Que arrogancia! ¿no crees?.
La tecnología es capaz de mantenernos informados de lo que sucede a nuestro alrededor en tiempo real y en constante movimiento, el estado de nuestros familiares, el último chisme entre amigos, etc. Esta información puede crearnos tanto tranquilidad como estrés, un estrés que a mi parecer tarde o temprano llegaría. Aún recuerdo mi infancia en donde en los domingos por la noche esperaba que mi mamá -quien trabajaba en otra ciudad- llegara a casa, no teníamos cable y con mi bisabuela después de siempre en domingo y las noticias el televisor se apagaba, no había más programación. Mi mamá podría llamar a su salida pero aún así yo rezaba porque llegara rápido y sin problemas, si había un accidente y llegaba tarde, como niña debía aprender a controlar sola la ansiedad, a esa hora la bisabuela estaba ya en el quinto sueño. ¡Que hubiera dado por tener un celular y poder escribirle: ma ya vienes en camino?!, ¡Cuántas lágrimas de preocupación me hubiera ahorrado! .
Si lo utilizamos de manera inteligente podemos enterarnos de las noticias mundiales, las oportunidades de empleo, tips para nuestro negocio, educación a nuestro alrededor, leer un artículo interesantes, etc, esto crea algo que por mucho tiempo estaba en manos de unos pocos: oportunidad. Sin embargo, al igual que las decisiones respecto a nuestro tiempo, cuerpo, cerebro y habilidades en en este caso también tenemos la oportunidad a elegir como y para que lo usamos.
¿Qué opinas?
Dejar fluir? ¿Qué es eso? ¿Porqué serà? Fueron las preguntas que me hice durante todo la semana siguiente, tratando de entender que era lo que me tocaba aprender. No me costó mucho recibir apoyo de mis amigos diciéndome: «quizá sea la aprehensividad», «quizá la forma tan en serio como te tomas la vida», «quizá lo perfeccionista», etc. En ese momento me dí cuenta que la gente te ve de diferente forma, como si fueras varias personas a la vez, esto se debe a que cada uno ve en el otro aquello que para él es importante o simplemente visible, pero que puede no describirte realmente. Así que decidí dejar de escuchar lo que los demás pensarán de mi, no por grosera o incrédula pero por que estaba segura que su descripción solo me daría una parte de la radiografía de mi ser. El resto lo estaba por descubrir.
Pocos meses después decidí dejar on hold mi “vida” y con ello me refiero a las cosas que consideramos como parte de nosotros y que tanto miedo nos da dejar: el trabajo, la familia y la relación, y me fui un mes y medio a India. Quería ver si podia encontrar esa respuesta, mi respuesta – porque cada uno se construye la propia – y fue así como estuve por dos semanas en un curso de introducción al budismo en donde mientras vives en silencio agradeciendo aquello que tienes analizas de forma filosófica y académica los textos y enseñanzas budistas. Dos semanas enteras para mí, para preguntar, para responderme dudas y aprender sobre conceptos como la reencarnación, el karma, la bendición de una vida humana y la iluminación.
Estos aprendizajes fueron para mi una bendición, aún creo en los ángeles de la guarda -en agradecimiento a un cuadro hermoso que mi madre colocó en mi cuarto de niña y que me ayudaba a dormir mejor-, amo a la virgen y a Jesús y no digo que ahora sea budista pero sigo aprendiendo de esta filosofía, estudiando y escuchando a aquellos con más sabiduría. Ahora puedo decir que me siento tranquila con la respuesta encontrada y el sentido que le di a mi vida a partir de ese momento. Les contaré a detalle en otro momento.
Recuerdo hace más de 10 años cruzar en un parque de un país europeo a las 11:30 pm, caminaba con un amigo que iba incluso mirando las bancas y las plantas alrededor, mientras yo prácticamente quería correr a nuestro destino, oí un ruido de pasos atrás de nosotros y brinqué, mi amigo desconcertado me preguntó ¿tienes miedo? ¿Porqué? Yo no sabía como explicarle lo que me parecía obvio: “Porque son las 11:30 de la noche está oscuro, vamos en un parque vacío y viene un grupo de chavos atrás de nosotros!” pero dije “porque creo que viene alguien”, él me responde: Si vienen varios chavos y siguió caminando. Los chavos nos pasaron, saludaron y dieron las buenas noches, iban algunos ya un poco mareados por el alcohol (lo que en algunos casos solo provoca que sean más sociables y no más peligrosos) y seguimos caminando. Durante mi camino me di cuenta que mi reacción no era natural para la sociedad en la que estaba y por un momento no lo fue para mi.

He aprendido tanto de vivir en esas ciudades, he conocido personas increíbles y sí, me he frenado poco. Ahora prefiero estar en un punto intermedio, una ciudad donde pueda encontrar paz y tranquilidad, con amigos a los que no le corra la vida, de aquellos que aman la monotonía y siguen un calendario de actividades semanales a las que me puedo integrar, una ciudad que al mismo tiempo esté cerca de alguna de aquellas de la lista en donde quizá algunas veces pueda viajar y llenarme de ideas, asistir al teatro o visitar un museo pero que después regrese y pueda analizar lo aprendido en ese espacio al que considero mi hogar. Un lugar cerca de la naturaleza pero también cerca de mi corazón.
Al final del libro y leyendo los reconocimientos, la autora agradece el apoyo recibido para completarlo, describe la investigación realizada a través de diferentes fundaciones, las entrevistas a las familias de aquellos que viajaron en el tren en los años 20´s en los Estados Unidos, las reuniones anuales a las que tuvo que asistir y como diferentes situaciones a su alrededor la inspiraron a darle vida y un sentido a la historia que estaba por contar. En ese momento me di cuenta de la preciosa oportunidad que tengo en mis manos, dedicarme por 3 años al estudio de un tema en particular que no tiene porque ser aburrido o monótono.